A veces, cuando estoy con ganas de tirar todo por la borda,
hago un párate y miro hacia atrás. Qué logré, qué no. Generalmente me deprimo
un poco más y entonces, voy hacia la
salida de emergencia:
Imagino que estoy en un auto, recorriendo la carretera, “huyendo”
al mejor estilo de Thelma y Louise.
Escucho una canción, imagino el viento
golpeando mi cara, las luces del sol casi cegándome, el cielo celeste con
nubecillas de algodón blancas y puras, el suelo de color arena con plantas cada
tanto, la carretera vacía y yo conduciendo a una velocidad impresionante.
No obtengo más que deseos de seguir adelante, de alguna vez
poder comprarme ese auto viejo, descapotable y rojo, recorrer las rutas de mi
país o un país vecino escuchando música como a mi me plazca, gritando a todos “SOY
LIBRE”.
Seré rebelde por un día, desapareceré por unas horas,
gritaré mi libertad y buscaré esperanza en ese viaje alocado pero liberador.
Seré la canción de algún compositor nostálgico, de algún
escritor desesperanzado, de un pintor bohemio y el cuadro vintage cinematográfico
de algún director soñador.
Eso me llena de paz y de esperanza. De una felicidad
indescriptible, ansias en mis entrañas y zapateo el piso, como una chiquilla
emocionada porque sabe qué le regalarán sus padres. Es cuando digo:
“Alguna vez lo haré”
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario